Última Parada.


La realidad azotaba fuerte y se ocultaba una vez más, tras el espejismo de una personalidad desdibujada.

Nadie notaría nada, ni su sonrisa impostora, ni su triste mirada. Chica invisible.

Se puso su vieja armadura y salió al circo de las mentiras, a dar espectáculo, a beber hasta olvidar su nombre, a buscar cobijo entre las sábanas de un extraño más. Pero todo acaba cansando.

Terminaba dando vueltas en círculos, volviendo a donde sabía a hogar, donde todo le era familiar; siempre volvía a él, su viejo amigo.

Vistiendo su fachada de dura, de que lo puede todo y ni ella es tan dura, ni él, tan bobo.

Siempre encuentra agujeros, donde filtrarse por un rato e intenta remendar a besos,

los rotos que la han ido marcando. Cicatrices abiertas de tiempos crueles, de sus vidas con villanos, que hacieron de su presente un inóspito teatro.

Pero él es paciente y prudente.

Con él, puede desgrapar su falsa sonrisa y dejarse ver al desnudo, más allá de la piel, más allá de los huesos, más allá del tormentoso pasado.

Ha venido para quedarse, y recuperar de a poco, todo aquello que una vez le fue robado:

Su inocencia, su confianza, su capacidad de amar. Su encanto.

Ella aún no sabe que ya no hace falta fingir. Ni esperar en las paradas, el autobús con la cura, que nunca llega. Se estaba haciendo adicta al dolor, aunque en el fondo, deseaba subirse abordo de un nuevo destino, despreocupada, libre y sin cargas a la espalda.

Él salió del mismo abismo, donde los corazones rotos y las almas en pena se van de fiesta y se cubren de polvo blanco, para olvidar por un rato, pero donde inevitablemente, terminan por destrozarse. Estaba muy acostumbrado a lidiar con material altamente sensible, pero ella, era la excepción. Se deshacía con solo verla, ¡Si tan solo ella, pudiese verse a través de sus ojos! ¡Tan frágil, tan exquisita!

Supo andar por el camino, calzándose zapatos usados, trazando costuras en muñecas de trapo, hilando fino en los retazos del dolor ajeno, que sentía como propio. Él era el indicado y se puso su calzado:

Para entenderla, para ayudarla a sanar, para pintarle sonrisas verdaderas y dibujar futuros prometedores a su lado.

Y ella, ¿reaccionaría? ¿o seguiría esperando sentada en la parada del tiempo?


Valeria.


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