El poder de la elección


A veces mis ojos no dan crédito, la especie más avanzada del planeta, los seres más aventajados, somos a veces también, los más despreciables.

Me encantaría poder echar la vista hacia otro lado, pero me hierve la sangre y no puedo dejar de teclear….

Veo ejemplos auténticos y otros, que no hay que seguir.

Entre estos últimos:

Celos, rabia, mentiras, falsedades, hipocresía, malvivir.

Familias rotas porque hoy en día, ya no aguantamos nada, porque no sabemos pedir,

ni dar sin exigir.

Nos han educado para vivir en una burbuja, un mundo que no existe.

Padres viviendo la vida de sus hijos, y viceversa, madres que se hicieron viejas

y no sirven como abuelas, las pintan como estorbo, con tanto que hicieron por los suyos, en el pasado.

Otras madres que fueron duras y crearon hijas desestructuradas.

Padres que violentan a sus hijos o mujeres, haciendo de una golpiza algo normal.

Arrepentimientos con forma de flores, hasta la siguiente mano levantada,

o el próximo cajón sepultado.

Embarazadas, que entregan a sus bebés por un chute más, egoístas, que traen a la vida a un ser indefenso, sin saber cuidarse primero de sí mismas.

Hermanos y hermanas que pasan una vida sin hablarse.

Suegras que son un dolor de ovarios,

Amigos que van a un ritmo diferente o se quedan estancados, viviendo en el pasado y en la queja, sin ánimo de progreso, sin ganas de lucha.

Niños, gastando más tiempo frente a la pantalla brillante que con algún amiguito.

Jóvenes que ya no saben ligar, si no es deslizando el dedo a la derecha

o dando me gustas.

Niñas con la falda demasiado corta y la lengua muy rápida, rebozadas en maquillaje. Queriendo aparentar.

Fachadas para mostrar en escaparate, que somos más felices…

¡Que ilusos!

Cuando ya poco soñamos, ni aspiramos a nada más que a acomodarnos al sofá y a la tele, a ver falsas noticias como anestesia,.

Al alcohol o a las drogas o a la desgana, les echamos las culpas de sentirnos en ruinas, cuando es una decisión nuestra más.

No sabemos estar solos, no nos conocemos, ni nos escuchamos, ni nos hacemos preguntas.¿Qué nos mueve?

Tenemos miedo a vivir, a hacer y decir lo que realmente nos gusta.

Gente descuidada, sucia, obesos, drogatas, borrachos, depresivos y fracasados,

por nombrar unos pocos…sin saber que son así por elección.

Y qué peso tiene esta palabra… Elegir

Si se dieran cuenta que cada uno recibe lo que merece, para bien y para mal;

si lo aceptaran sin peros, tanto lo bueno como lo malo, eso de qué “te pasa te lo mereces”, tendrían poder para cambiar sus vidas.

Porque aceptarse, conocerse y cambiar, es poderoso y, sobre todo, es posible.

No tengas miedo, la mejor versión de ti te espera, a una elección de distancia.


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