Mujer de alambre y púas.

Inspirado el veneno que la tiene alerta,

escondida en la trastienda del peligro,

las pupilas dilatadas, aceptando la dureza;

dando rienda suelta a sus latidos.

El espejo la refleja desbocada,

al olvidarse de la carga y el castigo,

la anestesia, en su mente divagante,

la sumerge plenamente en el delito.

Copos de nieve, en el cristal va cortando,

a venganza de un amor adolecido,

a costa de su cuerpo y de su alma,

verdugos que, en el tiempo, la han vencido.

Flagelarse con crudeza y con cinismo,

asomarse con premura al abismo,

arrancarse de su nombre y su cordura,

mujer de alambre y púas,

entre polvo y ceniza, has caído.

Acompaña este poema, la inspiradora foto de Fernando Menéndez

Gracias mi amor.

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