Un océano de dudas


Quererle fue como intentar respirar bajo el mar.

Sentir el salitre quemándola por dentro,

sus pulmones encharcándose,

su cuerpo convulsionado,

sus brazos agitándose en el azul profundo,

sin encontrar salida.


El tiempo, irónico, bailando un lento con la prisa.

¿Qué hacía tan lejos de la orilla sensata?

¿Qué hacía sumergida bajo ese mar tan picado,

ahogándose en un océano de dudas y recelo?

El silencio es agraviado por las burbujas saliendo su pecho;

en la ingravidez del momento, su cuerpo flotando,

parecía estar volando sin alas.

Una fuerza la arrastra hacia el fondo,

y ya no lucha, ya no se resiste.

Pero ahí, en ese último segundo

donde se empiezan a apagar las luces, se da cuenta:

Nadie le dijo que el amor es una enfermedad

y que uno, puede morir por amor, si se descuida.

Que te olvidas de ti misma, que no te importa tocar fondo

o pasar los días consumida.

Que la tristeza viene de visita y si la dejas entrar, se instala,

te abraza, te pesa y te hunde,

bajo un mar de lágrimas y suposiciones.


Sin desearlo, una mano salvavidas tira de ella,

con los ojos aún cerrados,

nota que el miedo amaina y la oscuridad se aclara.

Alcanza una vez más la superficie,

aunque la muerte quería aferrarse a ella.

Su piel, es acariciada por el sol una vez más,

un sol que quema y que rescata.

Toma una bocanada de aire desesperada...

Y pensar que hace tan solo unos instantes,

sentía darse por vencida.

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©2020 by Respira y suelta. MissMoon